Calurosa tarde esta de agosto, no pude de dejar de mirar por el balcón.
Sentí la necesidad de abrir la ventana y apoyarme en la barandilla.
Me enciendo un cigarro. Doy esa primera calada, la más profunda, inspiro y suelto un gran suspiro...
¿Por qué ahora?, Mirando las cigueñas del campanario me hacen recordar otras muchas tardes que malgasto,
dándole vueltas a un recuerdo moribundo que ronda por mi cabeza, aquél que hace de mi tan efímera esta existencia...
¿Quizás no te demostré que te quiero? Aunque sea en mis adentros, no lo haya dicho nunca, ya sea por miedo o por rechazo...¿Quién ha dado tanto? ya sean kilómetros y esperas insignificantes, puesto que mi regalo más grande era verte aparecer entre un bullicio de gente, sentir tu perfume, mirar de lejos tu sonrisa, y soltar un lagrimón de alegría justo antes de abrazarte. ¿Cómo te ha ido el día?, era lo que que siempre te preguntaba. No importaba, no recuerdo aquello que por tus labios salía, lo importante era escuchar aquella voz una vez más, tanto como si llovía como si era tarde, nunca me arrepentí de esperar todo un día para compartir diez minutos contigo que era lo que deseaba...
Sino te veía, deseoso estaba de andar pronto a la cama, coger rápido ese sueño en el que tu salías y en el que yo era tan feliz...
Cada día despertaba recordando esos sueños platónicos, que no podía describir, eran tan reales, que parecía que te acababa de ver, una mala pasada de la mente en la que apareces tan cercano y en realidad ahora estás tan distante...
Me encantaron esas noches que pasábamos juntos, en particular una de cuarto menguante en el que tú conducías y yo te acompañaba en ese instante, hablando de nuestras experciencias pasadas en una carretera solitaria mientras el brillo de la luna reflejaban tus manos, fijas en el volante, a las que yo tanto admiraba...
¿Proposición? Cualquiera que fuese, era un sí rotundo, carecía de voluntad daba igual cual fuese la pregunta, faltaba el tiempo solo por contestarla... Esa jugosa idea de descubrir horizontes a tu lado me invadía el alma, era feliz de imaginármelo y casi me arrepiento de no haberlo vivido más intensamente de lo que era, ya fuera por verguenza o por respeto hacia ti, pues no quería que resucitaran sentimientos que creí haber matado, aunque finalmente estos volvieron amí nada más tomar tierra... ¿Te volveré a ver? Eso me pregunté, pues sabía que para mí es como si fuese una despedida a lo grande que ya sería difícil estrechar lazos de nuevo...Pensaba esto mientras tu mirabas por la ventanilla y yo miraba hacia el suelo, haciéndome la idea de que nada más regresar pasaría bastante tiempo sin poder verte y dejando atrás cinco días inolvidables que no se volverían a repetir...
Odiaba el hacerme la idea, tanto que sin que te dieras cuenta, ya te echaba de menos aun teniéndote cerca, mientras dos lagrimones bajaban por mis mejillas... Pasa el tiempo y éste me hace mella, Y entre el deseo y el amargor te procuro un buen sentimiento ya sea sólo éste el que te muestro, pues créeme frente a ti yo me contengo.
Pues queda en mí este buen recuerdo, pues ya es posible que en mí, al ver una imagen tuya, suelte una sonrisa dejándome llevar por sentimientos de melancolía y de sabor agridulce en los cuales me recreo en este relato, sabiendo que todo se lo queda mi mente y aunque lo escriba tanto aquí como en papel, no quedará más bien guardado que en mi mente, y dado por el tiempo que siempre es paciente, ¿será posible echar de menos estos vivires y sentires?
No soy egoísta, No te quiero sólo para mí, quiero que abras esa puerta... y no hace falta que llames siempre serás bien recibido, felicidad no está sólo en amar... sino en ver que eres feliz...
No soy ingenuo, Me haré más fuerte mientras los años pasan y compartiré esto algún día con quien se haga responder... Entre tú y yo nos quedan imágenes, palabras, calor y algún café de por medio mientras mi cigarro ya consumido se despide de mi boca, al tiempo que cierro el balcón y mi mente al recuerdo, mientras un silbido de golondrinas despiden otro ocaso de estas tardes mías de verano...